A uno siempre le llama la atención cómo se montan las cosas aquí. Siempre a lo grande. Sin escatimar en gastos. Todo es susceptible de convertirse en negocio y de cualquier idea se puede sacar un dólar. Supongo que se trata simplemente de seguir uno de esos principios de los negocios de que para obtener un beneficio es necesario siempre realizar una inversión.

La cultura del centro comercial tiene una larga tradición en este país. Mientras, al otro lado del charco, estamos empezando a entender en qué consiste el invento. Lo último que he descubierto ha sido el espacio wi-fi del nuevo centro comercial de la ciudad. Uno se puede sentar cómodamente en un sillón, bajo una enorme cúpula acristalada, y darle a la tecla. Quizás después pueda ir al cine o comprar algún libro, siempre en la sección de rebajas que no por ello está más desprovista de cosas interesantes. Porque también la cultura puede llegar a ser barata en la cuna del capitalismo.

Aquí marcas como Zara, Mango, Camper, o Lladró se encuentran integradas en el entramado comercial y gozan de prestigio. De todos modos en el caso del que esto escribe será muy raro que me encuentren allí metido. Quizás Camper. ¡Los tíos queremos tiendas de Adolfo Domínguez!

fotografía: by pedrousa