Una de las primeras cosas que uno aprende cuando trabaja aquí es que la gente va al trabajo a trabajar, y eso en otras partes no es así. Nada de cafés en el bar de la esquina -tampoco es que haya muchos bares en la esquina- o escapaditas a echar una calada en el vestíbulo o en el pasillo. Así que es imposible no estar concentrado en lo que uno está haciendo. Uno se comunica con el compañero de al lado usando algún programa de mensajería instantanea o el mismo correo electrónico. Pocas risas, pocas conversaciones: hay que esperar a que a uno le fiche Google. Al final el que siempre sale ganando es el jefe.

Seguramente haya mercados laborales más flexibles que el estadounidense pero al que viene de un mercado tan rígido como el español, saber que siempre existe la posibilidad de cambiar de trabajo si te consideras mal pagado, si estás a disgusto o simplemente quieres un cambio es una bendición. Sin duda. El problema para el extranjero que viene a buscarse la vida a Estados Unidos lo verdaderamente difícil es conseguir el primer trabajo: ser extranjero, no dominar el inglés o no tener referencias pueden ser algunos de los problemas que hagan que comenzar sea complicado.

Parece que las promesas de que se puede conseguir el “éxito” si uno se lo plantea se pueden convertir en realidad en este país.

fotografía: by JuanJaén